Explorando «pérdidas y daños» en el contexto climático

Qué significa “pérdidas y daños” en discusiones climáticas


Pérdidas y daños es un concepto central en las negociaciones internacionales sobre clima que se refiere a los impactos negativos del cambio climático que ya no pueden evitarse mediante la mitigación (reducción de emisiones) ni gestionarse completamente mediante la adaptación. Incluye tanto pérdidas económicas (daños a infraestructura, pérdidas agrícolas, coste de reconstrucción) como pérdidas no económicas (desplazamiento de comunidades, pérdida de cultura, biodiversidad y derechos territoriales).

Cómo se distingue de mitigación y adaptación

  • Mitigación: medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el calentamiento global.
  • Adaptación: acciones para reducir la vulnerabilidad y aumentar la resiliencia ante impactos previstos (diques, cultivos resistentes, sistemas de alerta temprana).
  • Pérdidas y daños: impactos residuales que ocurren pese a la mitigación y la adaptación, o impactos rápidos/irrecuperables que no pueden ser compensados plenamente.

Tipos de daños y perjuicios

  • Eventos súbitos: huracanes, inundaciones, incendios forestales, tornados. Ejemplo: ciclones que destruyen infraestructura en horas.
  • Procesos lentos: elevación del nivel del mar, erosión costera, salinización, sequía prolongada, pérdida progresiva de productividad agrícola.
  • Pérdidas económicas: coste directo de daños en viviendas, carreteras, producción agrícola, turismo.
  • Pérdidas no económicas: desplazamiento forzado, pérdida de patrimonio cultural, extinción de especies, trauma social.

Situaciones y cifras que evidencian la problemática

  • Inundaciones en Pakistán (2010): afectaron a millones de personas y generaron pérdidas significativas en agricultura y vivienda; las estimaciones internacionales señalaron que millones quedaron desplazados y hubo miles de millones de dólares en daños.
  • Ciclón Idai (2019): en Mozambique, Zimbabue y Malawi provocó muertes masivas, destrucción de infraestructura y pérdidas económicas que se estimaron en miles de millones de dólares, además de un impacto humanitario prolongado.
  • Huracán María en Puerto Rico (2017): colapso de servicios esenciales y daños valorados en decenas de miles de millones de dólares según distintas estimaciones; evidenció cómo impactos extremos generan crisis sanitarias y migraciones internas.
  • Islas bajas y desplazamiento: comunidades en islas del Pacífico y del Índico (por ejemplo, comunidades de Kiribati o Carteret) experimentan erosión y pérdida de territorio, obligando a planificar reubicaciones transnacionales o nacionales.
  • Sequías y agricultura: en regiones del Corredor Seco centroamericano y el Sahel, sequías recurrentes y plagas vinculadas al clima reducen ingresos agrícolas, incrementan inseguridad alimentaria y empujan migraciones.

Entorno internacional y ámbito político

  • Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC): el debate sobre pérdidas y daños ha estado presente durante años en las negociaciones; en 2013 se estableció el Mecanismo de Varsovia para las Pérdidas y los Daños con el fin de articular estudios y asistencia técnica.
  • Hito en la COP27: en 2022 los países decidieron crear un fondo dedicado a enfrentar pérdidas y daños, destinado sobre todo a respaldar a las naciones en desarrollo que padecen impactos desmedidos. Su implementación requiere fijar la estructura de gobernanza, las fuentes de recursos y los requisitos de acceso.
  • Tensión política: persiste la disputa entre países desarrollados y en desarrollo respecto a si este apoyo debe interpretarse como reparación, compensación o un acto de solidaridad; algunos temen asumir responsabilidades legales mientras otros reclaman justicia climática.

Medición, atribución y valoración

  • Ciencia de atribución: permite estimar cuánto contribuyó el cambio climático inducido por el ser humano a la probabilidad o intensidad de un evento extremo; esto ayuda a fundamentar decisiones de financiamiento, aunque no siempre es concluyente para cada caso.
  • Valoración económica: medir costos directos es más sencillo (infraestructura, producción), pero valuar pérdidas no económicas —identidad, tradiciones, biodiversidad— es complejo y a menudo insuficiente en términos monetarios.
  • Brechas de datos: países con poca capacidad estadística tienen dificultades para cuantificar daños y justificar solicitudes de apoyo, lo que agrava la desigualdad en el acceso a recursos.

Mecanismos de respuesta y financiamiento

  • Prevención y reducción del riesgo: fomento de infraestructura más resiliente, planificación territorial adecuada y restauración de ecosistemas clave.
  • Mecanismos de seguro: coberturas nacionales y fondos regionales frente a desastres (por ejemplo, instrumentos activos en el Caribe y el Pacífico) que permiten liberar recursos con rapidez tras eventos extremos.
  • Financiamiento internacional: contribuciones no reembolsables, préstamos en condiciones ventajosas, reestructuración de deuda y el nuevo fondo de pérdidas y daños acordado en foros globales.
  • Medidas innovadoras: opciones como impuestos al carbono, tarifas para el transporte internacional, reasignación de Derechos Especiales de Giro (DEG) o aportes voluntarios; cada propuesta genera debates sobre equidad y eficacia.

Retos operativos y dilemas éticos

  • Equidad: países que menos han contribuido al calentamiento suelen sufrir los peores impactos; existe un fuerte argumento moral para transferencias financieras del Norte global al Sur global.
  • Responsabilidad vs. solidaridad: la demanda de compensación por daños históricos choca con la reticencia de algunos países a aceptar responsabilidad legal y financiera.
  • Implementación operativa: definir quién accede al fondo, cómo se prioriza, cómo asegurar transparencia y que los recursos lleguen a las comunidades afectadas.
  • Pérdidas no asegurables: ciertos daños, como pérdida de identidad cultural o territorio insular, no pueden repararse con dinero; requieren soluciones políticas complejas, como migración planificada y protección de derechos.

Buenas prácticas y propuestas

  • Combinar enfoques: articular prevención, preparación, seguros y financiamiento sostenible para afrontar pérdidas económicas y respaldar inversiones que refuercen la resiliencia.
  • Empoderar comunidades: incorporar a pueblos indígenas y comunidades locales en la definición y ejecución de medidas que aseguren adecuación cultural y resultados efectivos.
  • Transparencia y gobernanza: establecer mecanismos claros de control y rendición de cuentas que faciliten el seguimiento del uso de los recursos.
  • Soluciones regionales: promover la cooperación en fondos y esquemas de cobertura de alcance regional (incluidos acuerdos de reasentamiento entre estados insulares y países anfitriones) para administrar desplazamientos planificados.

Los debates sobre pérdidas y daños revelan un punto decisivo: el cambio climático provoca ya consecuencias que numerosas comunidades no logran revertir por sí mismas. Afrontar este escenario exige articular la ciencia de atribución, políticas financieras justas, acciones orientadas a reducir riesgos y un enfoque sustentado en derechos humanos que posibilite generar respuestas legítimas y efectivas para quienes encaran las mayores dificultades.

Por Alejandro Torres Fernández

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